He vendido la bici que tenía y con ella el medidor de potencia.
Tras ello salí con una bici que compré y no me dio tiempo de poner mi antiguo Polar S720i.
¡Maravilloso!
¿Qué por qué? Porque no estaba acojonado viendo continuamente el reloj ni los wattios.
Decidido. Voy a volver al mundo de las sensaciones, a conocer mi cuerpo según me diga y a disfrutar de las salidas sin ir más pendiente del dichoso reloj que de mis propias sensaciones.
No estoy diciendo que no valga, en absoluto. Si no que para salir con los amiguetes sin pretensión de competir ni alcanzar una meta en concreto, las sensaciones me valen.
Ahora escucharé a mi cuerpo, no a mi reloj.
